29 de marzo de 2026.
Lecturas: Isaías 50:4–9a. Filipenses 2:5–11. Juan 12:12–19 (Procesión). Mateo 26:1-27:66 o Mateo 27:11-66 o Juan 12:20-43
Ahora es la hora en que el Hijo del Hombre será glorificado.
«No temas, hija de Sion; he aquí que tu rey viene». Viene con humilde mansedumbre, «sentado sobre un pollino», pero también como Rey de Israel «en el nombre del Señor» (Juan 12:13, 15). Su gloria real es la obediencia fiel y el servicio abnegado «hasta la muerte, incluso la muerte de cruz» (Filipenses 2:8).
El amor de Dios se manifiesta en la cruz y la Pasión de su Hijo para la salvación de los pecadores. Puesto que cargó con nuestros pecados y sufrió nuestra muerte, «Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó un nombre que es sobre todo nombre» (Fil. 2:9), y nos exalta a nosotros en su resurrección.
Nuestro Señor no escondió su rostro «de la vergüenza y los escupitajos» (Is. 50:6), sino que confió en su Dios y Padre, quien lo resucitó de entre los muertos y lo exaltó a su diestra. Este mismo Rey Jesús ahora viene a nosotros con humilde gentileza en su Cena, donde nos alimenta con su cuerpo y nos limpia y cubre con su sangre, para que «después de su resurrección» también nosotros resucitemos y entremos en la ciudad santa (Mt. 27:52-53).

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