25 de enero de 2026
Lectura: Isaías 9:1-4. 1 Corintios 1:10-18, Mateo 4:12-25
El Señor manifiesta su gloria a través de su oficio del santo ministerio.
Con su venida, su predicación y sus milagros, el Señor Jesús ilumina con la luz de su Evangelio al pueblo que andaba en tinieblas y que habitaba en tierra de profunda oscuridad (Is. 9:2). También ha multiplicado la nación y aumentado su alegría (Is. 9:3) al llamar a discípulos a seguirle desde todos los confines de la tierra.
Para ello, llama a Pedro y Andrés, junto con Santiago y Juan, a seguirlo y ser pescadores de hombres (Mt. 4:19). Como Jesús, ellos también salen a predicar el evangelio del reino y a sanar toda enfermedad y toda dolencia entre el pueblo (Mateo 4:23).
Predican la locura de la cruz de Cristo como el poder y la sabiduría mismos de Dios. Esta palabra y predicación de la cruz separa a los que se pierden de los que se salvan (1 Corintios 1:18), pero une a la Iglesia, el único Cuerpo de Cristo, en una misma mente y un mismo parecer (1 Corintios 1:10).

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